Lee el siguiente texto con mucha atención:
El apellido es algo así como nuestra marca de fábrica, la denominación de origen que nos pegan al nacer, y la gente tiende a sentirse orgullosa de esa fábrica y ese origen. Con la gente que profesa esa veneración hacia el apellido familiar hay que tener cierto cuidado porque, en cualquier momento te suelta la historia de algún abuelo suyo que fue infanzón.
En esos casos, lo más prudente es desviar la conversación hacia el tema de los apellidos divertidos y hablar de los ejemplos más famosos: Juan Carlos Primero Rey, Dolores Fuertes de Barriga… Pero, ¿existió alguna vez Dolores Fuertes de Barriga?.
Esto viene a cuento porque estoy leyendo algo sobre un político portorriqueño apellidado Agosto: pienso que sólo le falta llamarse Julio, don Julio Agosto, suena bien ¿no?, como a personaje de comedia antigua. En un primer momento me extraña que ese hombre pueda llevar en el apellido una hoja de calendario, pero en realidad ¿ por qué tiene que extrañarme?. En el gremio de los actores hay Virginia Mayo, Victoria Abril, Alfredo Mayo…. Yo, además tenía un compañero que se llama Marzo, y ¿se acuerdan del ministro Abril Martorell?. Si hay tanta gente cuyo apellido es Marzo, Abril o Mayo, ¿por qué alquien no se puede llamar Agosto?.
En Filipinas hay apellido para todos los gustos y seguro que se encuentran unos cuantos señores llamados Octubre, Noviembre o Diciembre. Digo esto porque en Filipinas en otra época, los nativos carecían simplemente de apellidos y las autoridades españolas consideraban , muy sensatamente, que un salvaje con apellido sería menos salvaje que un salvaje sin apellidos. Para lograrlo el procedimiento que utilizaban era expeditivo, los ponían a todos en fila, volcaban el diccionario y repartían los sustantivos como boletos para una rifa. A éstos les toca Cacerola, y ése será su apellido, a ésos Animadversión, a aquéllos Tirabuzón...
A los filipinos se les daba un apellido para saber cuál es su familia y para respetar a su padre y a su madre. Esa era toda su fortuna. El apellido siempre es el único patrimonio del pobre, lo único que hasta los más míseros e indigentes pueden heredar y dejar en herencia.
Aquí hasta finales del siglo XVIII, cuando un recién nacido aparecía en un portal, se tenía por costumbre ponerle rápidamente un apellido como a los filipinos. Los normal era adoptar el nombre de la inclusa o asignarle el siempre socorrido Expósito….Y lo que está claro es que nadie puede asegurar que entre sus antepasados no se encuentren unos cuantos expósitos.
Texto adaptado de Ignacio Martínez de Pisón por cortesía de 
|